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Libélulas y caballitos del diablo: las auténticas hadas de las aguas

Cuando el sol empieza a calentar en primavera anunciando los ardores del verano ya próximo, cerca de las charcas, arroyos y otras masas de agua empiezan a dejarse ver estos delicados insectos voladores. Atrayendo a nuestro jardín a libélulas y caballitos del diablo no solo gozaremos de su belleza misteriosa, también ayudan a controlar las poblaciones de insectos nocivos y a mantener el equilibrio natural.

Izquierda: Calopteryx haemorrhoidalis (macho).
Nombre común: Caballito del diablo de alas oscuras / Calopteryx de cola roja. Derecha: Especie: Ischnura graellsii (hembra, variedad cromática de tórax verde/bronce).
Nombre común: Caballito del diablo común ibérico. Imágenes de eXr.

Texto: Leire Paz Leiza, bióloga.

Con sus alargados cuerpos, dos pares de alas membranosas y grandes ojos compuestos, los odonatos, orden que reúne a libélulas y caballitos del diablo, son unos artrópodos fácilmente reconocibles. Sus antepasados se encuentran entre los insectos más antiguos de la Tierra.

Aunque a primera vista puedan parecerse, las libélulas (del suborden de los anisópteros) son generalmente más grandes y robustas, realizan vuelos más potentes y, al posarse, extienden sus alas a ambos lados del cuerpo. Los caballitos del diablo (del suborden de los zigópteros) suelen ser más pequeños y delgados, tienen un vuelo más frágil y la mayoría reposan con sus alas plegadas en vertical sobre el abdomen.

Una larga vida dentro del agua: Se consideran invertebrados acuáticos porque una parte de su ciclo de vida, la fase más prolongada, transcurre bajo el agua: libélulas y caballitos del diablo ponen sus huevos en el agua (o en plantas acuáticas) y de ellos nacen unas larvas, de discretos colores parduzcos, que permanecen en ese medio durante meses e incluso años, escondidas en la vegetación sumergida o en los sedimentos.

Se alimentan de otros invertebrados y crecen mediante sucesivas mudas hasta que alcanzan el tamaño adecuado para completar la metamorfosis. En ese momento, la larva asciende desde el agua y, sujeta sobre tallos de plantas, piedras u otros soportes cercanos a la orilla, emerge el adulto o imago, dejando atrás el exoesqueleto de la larva vacío, llamado exuvia. A continuación, la libélula o caballito del diablo desplegará lentamente sus cristalinas alas y echará a volar.

Esta fase, la del esbelto y colorido imago, apenas dura entre cuatro y seis semanas y en ella se dedican a alimentarse y a la reproducción. Acróbatas del aire, los odonatos cazan y se aparean en vuelo. Son unos cazadores incansables: se estima que un solo individuo es capaz de depredar fácilmente más de 100 mosquitos al día. Por su actividad diurna pueden llegar a ser unos grandes aliados en la lucha contra el temido mosquito tigre (Aedes albopictus), que suele picar durante el día, así como en el control de plagas que puedan afectar a nuestro huerto o jardín.

Los machos, más vistosos que las hembras. La mayoría de las especies de libélulas y caballitos del diablo presentan dimorfismo sexual, es decir, machos y hembras tienen distintas coloraciones. Son más vistosos los machos.

Tras una parada nupcial a la que sigue un vuelo nupcial (algunas especies se ahorran este trámite), el macho sujeta a la hembra de la cabeza o del cuello mediante unos apéndices anales, formando lo que se conoce como tándem, y se produce la cópula.

La hembra procede entonces a la ovoposición —bien en tándem, bien liberada del macho— en algún medio acuático adecuado, y el ciclo vuelve a empezar.

Como vemos, estos insectos dependen completamente del agua, por lo cual son muy vulnerables a la degradación de los ecosistemas acuáticos. De hecho, se trata de un grupo faunístico con muchas especies amenazadas: en España se conocen más de 80 especies, de las cuales, cerca de 20 se encuentran en algún listado o catálogo de protección.

Con el cambio climático, las previsiones no son demasiado halagüeñas, ya que la lista de especies amenazadas podría crecer.

Fuentes de las fotografías que aparecen en la página: Jean-Marie Grodot (1); Rolf Dietrich Brecher (2); Paul Ritchie (3); Christophe Brochard (4); Christophe Brochard (5). Revista Verde es Vida, pág. 50. Primavera 2026.