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ElcheXploreR

Rafael Bernabéu Moya, de empleado a empleador.

Detrás de una gran empresa se hallan personas con inquietudes, afán de crecimiento, personas que desarrollan capacidad de gestión tanto de negocio como de trato personal. Además, saben rodearse de buenos empleados y cuidarlos.

Cuando iniciamos la investigación y documentación sobre la fábrica de La Borrera, apareció el nombre de Rafael Bernabéu Moya, empresario, prohombre de la ciudad de Elche y persona muy generosa.

ElcheXploreR consiguió llegar a Rafael a través de su hijo Ambrosio Bernabéu, al que agradecemos habernos recibido y puesto en contacto con su padre.  

Finalmente pudimos acceder a una agradable charla con D. Rafael en la que también estuvo presente su hijo:

Rafael, hijo y nieto de empresarios, desde pequeño, tuvo ejemplos a seguir para aprender y conquistar la difícil habilidad de dirigir una gran empresa.

Nos dividió su vida en tres etapas: la primera la infantil hasta los 12 años, la segunda de empleado de los 12 a los 23, y la tercera de empleador o empresario, es decir, de los 23 hasta ahora. 

Nació el 10 de noviembre de 1930 en el Raval entre la monarquía de Alfonso XIII y la República1 , donde en dicho barrio creció y se formó en un colegio unitario. Se crió entre sus padres y abuelos maternos.

Años más tarde llegó la guerra y su padre, Ambrosio Bernabéu Maciá, al haber hecho la mili, llegando a cabo primero, tener ciertos conocimientos (leer, escribir,etc.) y siendo una persona estimada, se incorporó en Madrid como mando del batallón de Elche. Primero de alférez, luego de teniente y después capitán.                                                                                                                                                    

El batallón de Elche fue destinado a la defensa de la capital. Ambrosio, viendo que su estancia se prolongaba, decidió que su madre y su hijo Rafael se trasladaran a Madrid donde vivieron dos años. Rafael continuó la enseñanza en Madrid en un colegio de grado, con aulas para cada curso. Su padre Ambrosio sufrió una herida de bala en un brazo, en posición de tirar, que le entró por el codo y le salió por el antebrazo. Una herida grave que necesitó de tres o cuatro meses para recuperarse. Esto le sirvió para decidir volver,  «a casa que plou»2, por lo que regresaron a Elche. 

Siempre hay algo que te ayuda, un mal que a veces te hace mejorar, nos dice según sus vivencias. 

Cuando terminó la guerra estaba ya en Elche, los sublevados3 dieron un comunicado: los que eran de graduación tenían que presentarse en Alicante y los milicianos, en Elche.  

Su padre decidió presentarse de los primeros en Elche, ya que gracias a un amigo del hermano de su madre, que estaba dentro del nuevo régimen, le dijo: «Ambrosio no t´en vages a Alacant que si vas a Alacant ja no tornes».

Finalmente lo detuvieron en Elche y lo llevaron preso al palacio de Altamira.

Continuando con su relato empresarial, nos cuenta que su abuelo, Rafael Bernabéu Ferrández inició la saga del “empleado a empleador”. En aquel tiempo, entrando en crisis  la alpargata, se estaba ya dando el paso hacia la fabricación del calzado. 

En la empresa donde trabajaba de encargado, el empresario decidió cerrar y  montar un almacén, el cual le dijo:  «Rafael, fes-te carrec de la empresa i jo te compre tota la producció». Y así fue como comenzó en la C/ Olivereta.  

Admira a su abuelo por la forma que solventaba la logística en aquel tiempo, ya que era mucho más difícil. Considera que Elche es un pueblo muy laborioso, ingenioso, de mucha actividad, con inventiva.  El abuelo llevaba la fábrica, compraba los fardos de cuerda, los pesaba, se hacían los kilos y metros. Finalmente se los daba a un grupo de personas  «de aquí me teniu que fer tantes soles». Por otra parte, compraba los rollos de lona, los medía, hacían los pelotari que eran las palas y talones. Un grupo de hombres y otro de mujeres, «les colles«, que decían entonces, se encargaban de hacer las suelas (los hombres) y las mujeres traían los cortes. Otro grupo de mujeres hacía el ensamblaje (coser los cortes a la suela) y de ahí, la envasaban.

A los dos años se les quedó pequeño y pasaron a la C/ Teniente Ruiz, y de allí a C/ Salazar Alonso, donde ya se incorporó su padre Ambrosio. 

Rafael nos comenta que ha tenido la suerte de estar en tres sectores importantes: el comercio en la ferretería de Gaspar Parreño en la C/ El Salvador, donde comenzó a trabajar con 12 años. El segundo, al que según piensa le damos menos importancia, el campo. Con 14 años entró en la oficina de La Cooperativa San Isidro, conociendo  todo lo que es el mundo agrícola porque esta cooperativa, que vendía a su vez las aguas de Riegos de Levante del canal tercero, tenía un puesto en la Lonja. Hacía el ciclo completo; desde la venta del agua, las semillas, los abonos, hasta los productos elaborados que se vendían en la lonja de Altabix. Acudía a las 7 de la mañana y a las 9 iba a la C/ Puente Ortices donde se ubicaba la Cooperativa San Isidro y también la Hermandad de Labradores. Esta era una gran casona, donde allí  se hacía la venta del agua de riego. Las tardes las dedicaba a visitar en bicicleta a los cooperativistas de todo el camp d’Elx.

Y el tercer sector en el que desarrolló su principal actividad, la industria.

Su formación se inició  en la academia Castaño para sacar el título de auxiliar administrativo. Entró en 1946 en la fábrica de La Borrera con 16 años. A los 17 años inició los estudios nocturnos de peritaje mercantil dependiente de la Escuela de Comercio de Alicante. 

Estos estudios le permitieron liberarse, conocer nuevas ideas, aprender historia, derecho, estadística, economía, etcétera. Lo que hoy sería una FP  de grado superior. Entonces, el peritaje no era una enseñanza universitaria. Fue muy interesante porque de alguna manera se tocaban todas las materias. Ahí empezó a espabilarse, a ver el entorno, a abrir la mente e ir haciendo proyectos. En esa época conoció y trató a toda la industria de Elche.     

Hablando de la Borrera, nombre que pudiera parecer algo deprimente, mirándolo desde la actualidad es una industria de reciclaje. Como  en aquella época era el Trust (unión de empresas, de voluntades, de personas que confluían en un mismo proyecto), llamado FACASA (Fabricantes de Suelas de Caucho Aglomerado Sociedad Anónima). 

La empresa del gallo, como era conocida también, compraba las gomas, los cauchos (caucho había muy poco) y se reciclaban y regeneraban el producto. Era en el año 1945, terminando la Segunda Guerra Mundial y España estaba aislada, por lo que  aquello fue una vía para la industria. Elche empezó a salir adelante con sus propios medios porque hacía sus propios recursos, reciclando y haciéndolos nuevos.

Continuando con el relato de su etapa en Hijos de Mariano Sánchez-Rojas S.L, La Borrera, nos cuenta que allí se compraba a las fábricas de alpargatas, que eran a la vez clientes, ya que les vendían las borras para acolchar las alpargatas y las zapatillas. Al mismo tiempo, eran proveedores porque les compraban todos los recortes de lona, paños, y todo lo que era textil. 

Además, después de terminar la Segunda Guerra Mundial, se compraban barcos enteros cargados de ropa, tiendas de campaña, material bélico, textil…. Una parte de las trabajadoras se dedicaban a quitar los botones y las piezas metálicas, donde en aquel tiempo se aprovechaba todo. Se hacían subastas de ropa a las que se presentaban; eran empresarios importantes con ganas de trabajar y hacer.

En la Borrera había tres secciones. Una era la de regenerar todos los recortes y convertirlos en borra con las máquinas llamadas diablos (provistos de pinchos) que desgarraban las lonas para hacer fibras. En otra sección, a través de las máquinas mecheras, se hacía una especie de lámina. Esta lámina entraba por unos carriles donde la hacía dar vueltas hasta hacer hilos. Salían tres clases de hilos, donde los más gruesos se destinaban a hacer alfombras. Sobre todo le servían a tres zonas, a Crevillent para las alfombras, y a Ontinyent y Bocairent para las mantas de borra o tejidos gruesos. 

Para las suelas de las alpargatas, primeramente se utilizaba el esparto, después fue el cáñamo, y finalmente el yute. Este evolucionó al  «encapat»  cuyo interior llevaba esparto y por exterior cáñamo (o yute),  que era más resistente al desgaste. El acolchado de las plantillas era de borra, y encima de la plantilla el «drapón» (tejido rústico perchado). 

Con el tiempo, aproximadamente en el año 1950, compraron unos telares para hacer tejidos y telas con tipos de hilo como el de urdimbre -fino- y el -grueso- o de trama.  Salieron de allí lonas regeneradas para hacer alpargatas, entre otras cosas.  

Con 23 años, y terminados los estudios, Rafael llevaba en la Borrera el tema del personal, de costes, de producción y kilos de todas las materias entre otras cosas. Además los sábados por la mañana iba con la bicicleta a cobrar por las fábricas, y de paso, ejercía de comercial preguntando a como le vendían «els retalls». Avisaba diciendo a las fábricas que no le mezclarán los retales de algodón con los de lana, incentivando la separación de producto que era pagado más caro. Todo esto le hizo tener una gran relación con los Sánchez-Rojas. 

Su proyecto era terminar los estudios, ser intendente mercantil y dar asesoramiento. 

En 1951 hubo un brote de Tuberculosis en Elche, pero «afortunadamente» sufrió  gravemente la enfermedad estando al borde de la muerte. Estuvo seis meses de baja, en la Borrera se portaron muy bien,  le respetaron todo mientras estaba enfermo. Incluso iban a verle, estando muy muy agradecido, sobre todo a D. Manuel, contando una y otra vez que mantiene muy buenos recuerdos de la Borrera. 

Los hermanos D. Francisco y D. Manuel Sánchez-Rojas Ramírez, los propietarios, tuvieron la visión de transformación de la empresa, de la reutilización de lo que se tira.

Una parte del negocio era la compra, distribución y venta de semillas, frutos secos y coloniales, donde incluso hacían pan de higo. La postguerra fue de mucha hambre y escasez y él mismo tuvo que comer dátiles y algarrobas.

Nos cuenta una de las anécdotas que vivió cuando entró allí, donde veía que su jefe, D. Manuel, les decía a las empleadas: «xiquetes canteu que no vos sent. Le preguntó a Lorenzo ,el encargado, cuál era el interés en que cantaran y este le contestó: «mentres canten no mengen ni atmeles ni figues».

Prosigue relatando que Elche es lo que es gracias a que es una ciudad laboriosa, dinámica y acogedora, hecha por todos con la gran aportación de las personas que han venido de fuera. Es una ciudad que merece la atención, porque pocas ciudades han evolucionado en población y crecimiento. Pasó del tercer lugar de la provincia a estar casi a la par que Alicante siendo en la actualidad la tercera de la Comunidad.

Elche es un pueblo muy dinámico que ha sabido sacar proyectos importantes adelante cuando se tiene ilusión y ganas de hacer. No ha caído nada del cielo, todo ha sido fruto del esfuerzo, el trabajo y la ilusión. Debemos valorar, mantener para apreciar, respetar y mejorar lo que tenemos. 

Piensa que la mitad del empresariado de Elche son personas que han evolucionado aquí viniendo de fuera. Recuerda a dos grandes amigos como son Juan Perán y los hermanos Soledad.

Finalmente, su etapa empresarial comenzó en 1954 manteniéndose en la actualidad como presidente de honor en una de sus marcas más populares: J’Hayber. Aunque en un principio, fue socio fundador de empresas como Grupo Siober, Grupo Vizcarra, Donval, Frutales y Cicasa entre otras. Empleador, como bien dice, de hasta 2.000 puestos de trabajo en sus 51 empresas que ha creado a lo largo de su dura pero productiva vida. Supo tener perspectiva empresarial y emprendedora en una época que rompió la visión del calzado. La producción a través del vulcanizado, y posteriormente de la inyección, consiguió situarse en el mercado nacional e internacional con el calzado y las zapatillas deportivas. Durante su periodo empresarial, ha sido, y es, consejero y presidente de multitud de instituciones sociales y empresariales, como lo fue en su día de la Mutua Ilicitana o FICE (Federación de Industrias del Calzado de España). Además, ha conseguido distinciones y premios como el Premio Especial del Jurado Economía 3 en 2018. 

Sin duda alguna, y pese que en esta biografía nos hemos centrado en su periodo de empleado, nos ha abierto para conocer (y en su caso para recordar) aquellos tiempos donde todo era muy distinto a los últimos 50 años vividos en la actualidad.

Destacamos algunas de las reflexiones que nos ha hecho muy interesantes.

«Yo tengo que decir que la familia Sánchez-Rojas, dentro de lo que he conocido del empresariado, o de la burguesía que había, de los ricos, los patronos, o los pandorgos4. Crearon puestos de riqueza y bienestar, los Rojas lo hicieron muy bien»

«Es muy difícil que las iniciativas y las gerencias del creador que la funda se puedan transmitir al que tiene que tomar el relevo porque encuentra la cosa hecha y no sabe valorar lo que hay detrás. Viene mejor preparado, pero choca a veces con la tradición y la imagen que hay dentro de la empresa. Adaptarlo y  cambiarlo todo por el nuevo dirigente, es muy complicado»

Figura 1. De izquierda a derecha; Carlos Martínez, Rafael Bernabéu, Rosa Brotons y Borja Rodríguez
Figura 2. Rafael Bernabéu junto a su hijo Ambrosio

El presente artículo forma parte de la investigación desarrollada en el estudio de la fábrica Hijos de Mariano Sànchez-Rojas, disponible en www.patrimonioelche.es

Entrevista realizada el 19 de noviembre de 2021.

Artículo redactado por Rosa Brotons Brotons con la colaboración de Carlos Martínez Canales y Borja Rodríguez Valverde.

Webgrafía:

Videografía: 

Técnicas para el fabricado: 

Bibliografía:

1 El final del reinado de Alfonso XIII estuvo marcado por la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) y las dictablandas de Damaso Berenguer y Aznar-Cabañas, hasta la llegada de  la II República.

2 Frase en valenciano utilizada para decir algo como “vete para casa que estarás mejor, o será mejor”

3 Parte del ejército que se sublevó contra el gobierno de la II República.

4  Eran aquellos que no hacían nada y preferían irse  al café.